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Edición Especial


Una cuarta parte de la República Dominicana la cuidan unas 1,100 personas, y casi todas estudiaron en el mismo sitio: Itesmarena, una escuela en Jarabacoa de la que poca gente ha oído hablar.
Desde el jueves 8 de octubre, esa escuela tiene una sala de telepresencia que inauguró Altice Dominicana.
Lo que se inauguró
La sala es parte de un acuerdo entre Altice, el Ministerio de Medio Ambiente y la propia escuela. Con una inversión de RD$4,475,237.78, permite que especialistas de cualquier provincia o de otros países den clases en Jarabacoa sin tener que viajar.
El proyecto también le lleva conectividad al Centro de Monitoreo de Áreas Protegidas que funciona dentro de la escuela.
Lo que les toca cuidar
Increíblemente, más del 25% del territorio de la República Dominicana está bajo alguna categoría de área protegida. Eso incluye parques nacionales como Los Haitises, Valle Nuevo y Sierra de Bahoruco, las reservas científicas, los monumentos naturales como los Saltos de la Damajagua y el resto de los lugares que el Estado decidió que deberían tener un cuidado especial.
Es una cuarta parte del mapa, con sus montañas, ríos, costas y bosques.
Hay pleitos que se echan en la prensa y en la justicia, pero realmente la gente que cuida eso en el día a día son los guardaparques. Hoy hay unos 1,100 trabajando, repartidos en 91 áreas protegidas y 13 parques ecológicos.
¿Qué hace un guardaparque?
Un guardaparque es la persona que vigila un área protegida. Recorre a pie o en motor las lomas, los bosques, los ríos y las costas para ver si todo anda en orden. Vigila y denuncia a quien está cortando árboles, sacando arena de un río, cazando animales protegidos o pescando donde no se puede.
También lleva un registro de cómo están las plantas y los animales del área, controla quién entra y quién sale, y le explica a la gente de las comunidades cercanas por qué ese pedazo de tierra está protegido.
En la práctica, el guardaparque es casi siempre la única autoridad que hay en el monte. Si alguien está tumbando bosque en una loma de Sabana de la Mar, no llega primero un fiscal ni un policía. Llega un guardaparque.
Lo que les toca de frente
El 15 de marzo de 2024, tres guardaparques de Los Haitises se encontraron con un grupo que estaba desmontando bosque dentro del parque para hacer conucos. Uno de ellos, Augusto Andújar Ramos, terminó con una herida de machete en el pie izquierdo y fue llevado al hospital de Sabana de la Mar.
Los incendios también son parte del trabajo. En julio de este año, dos incendios en dos semanas quemaron 86.5 kilómetros cuadrados de la Sierra de Bahoruco, casi el 8% del parque. Hicieron falta 110 bomberos forestales y técnicos para apagarlos, y parte de lo que se quemó era bosque que todavía se estaba recuperando de los incendios de entre 2017 y 2021.
Cuánto territorio les toca cubrir
Si se reparten los 1,100 guardaparques entre los 104 lugares que vigilan, tocan a unos diez u once por área. Si se reparte el territorio protegido entre ellos, cada uno responde en promedio por unos 11 kilómetros cuadrados, que es el espacio de unos 160 estadios Quisqueya uno al lado del otro. Y eso suponiendo que estén todos de turno al mismo tiempo, cosa que no pasa.
La escuela de donde salen
¿Cómo así que una escuela? Así mismo. Los guardaparques tienen que estudiar para eso. Esa escuela es el Instituto Técnico de Estudios Superiores en Medio Ambiente y Recursos Naturales, que todo el mundo conoce como Itesmarena.
Se fundó en Jarabacoa en 1968 como escuela forestal, con apoyo del Gobierno dominicano, la FAO (la agencia de la ONU para la agricultura y la alimentación) y la Alianza para el Progreso, un programa de ayuda de Estados Unidos de aquellos años.
Hoy ofrece carreras técnicas en Ciencias Forestales y en Gestión Ambiental, con becas completas, y es el único centro del país que forma guardaparques.
Ahora mismo hay 67 estudiantes, de entre 17 y 22 años. Vienen de distintas provincias y viven en la escuela mientras estudian. Si quieres ser guardaparque en la República Dominicana, te mudas a Itesmarena, en Jarabacoa.
Todo pasa en Jarabacoa
Que la escuela esté en Jarabacoa tiene sentido: está en medio de la montaña, cerca de los bosques que los estudiantes van a cuidar. Pero también significa que todo el que quiera enseñar ahí tiene que subir la loma. Un especialista en incendios forestales, un biólogo que estudia alguna especie en Bahoruco o un experto extranjero en manejo de parques tenía que llegar hasta Jarabacoa para darle una clase a esos muchachos.
Lo mismo pasa con los guardaparques que ya están trabajando. En agosto de 2025, 44 guardaparques de distintas áreas protegidas completaron un curso de 180 horas en Itesmarena sobre legislación ambiental, incendios, ecología y uso de mapas.
Una de ellas, Ariela Severino Almonte, viene de los Saltos de la Damajagua, en Puerto Plata. Para formarse tuvieron que salir de sus áreas y trasladarse a la escuela. En un sistema donde a cada área le tocan diez u once personas, cada guardaparque que se va a un curso es uno menos vigilando.
Lo que cambia en Itesmarena
Con la sala de telepresencia que Altice inauguró en Itesmarena, el especialista que está en Santo Domingo, en Santiago o en otro país puede dar la clase desde donde esté, y los estudiantes pueden escuchar a expertos de cualquier parte del mundo sin que nadie tenga que pagar un pasaje. La escuela también puede usar la sala para conferencias, reuniones técnicas e intercambios con otras instituciones.
La sala no cambia lo que les toca en el monte. Pero sí amplía mucho a quién pueden escuchar los muchachos que se forman ahí: la escuela de donde salen todos los guardaparques del país ahora tiene acceso al mismo conocimiento que tendría si estuviera en la capital o fuera del país, sin que la ubicación limite lo que pueden aprender.
¿Qué es una sala de telepresencia?
Una sala de telepresencia es un aula preparada para que gente que está en lugares distintos pueda participar en la misma clase como si estuviera en el mismo salón.
Lleva pantallas grandes, cámaras buenas, micrófonos y bocinas pensados para que la conversación fluya sin que nadie tenga que estar voceando en una laptop y con un escándalo que no se entienda nada. Además, debe tener un sistema de videoconferencia y una conexión a internet fuerte.
Ojo, esto no es lo mismo que una clase por Zoom desde la casa, con el gallo cantando de fondo. La idea es que el aula completa, con todos los estudiantes sentados, pueda conversar en tiempo real con una persona o con varias que estén en otra provincia o en otro país, y que esa persona vea y escuche a los estudiantes igual de bien que ellos a ella.
El centro que no tenía señal
Dentro de Itesmarena también funciona el Centro de Monitoreo de Áreas Protegidas. Ahí se reúne la información de lo que pasa en las áreas protegidas, como infracciones, incendios, avistamientos de especies y cualquier otra cosa que represente una amenaza, para seguirla en tiempo real y decidir cómo responder.
El centro ya estaba instalado, pero no podía operar a plena capacidad por falta de conectividad y de algunas condiciones físicas que necesitaba para aprovecharse completo. La conexión que puso Altice llega también hasta ahí, y con ese servicio el centro puede volver a funcionar en condiciones óptimas.
Donde esto tiene su magia es en identificar patrones. Si en una zona se repiten los desmontes o los fuegos, el centro lo puede ver y marcar esa zona como prioridad para que los equipos lleguen antes y no después. Saber dónde poner a la gente vale tanto como tener más gente. Todo eso depende de que la información entre y salga sin trabas, y eso depende del internet.
¿Quién lo pagó y qué incluye?
El proyecto viene de un acuerdo firmado en septiembre de 2025 entre el Ministerio de Medio Ambiente, Itesmarena y Altice Dominicana. Altice invirtió RD$4,475,237.78 en montar la sala completa, con la pantalla, el mobiliario y una conexión dedicada, y en poner una segunda conexión para el centro de monitoreo.
Cada conexión es de 50 megas de bajada y 50 de subida. La subida importa más de lo que parece, porque en una clase a distancia no basta con recibir el video del profesor; el aula también tiene que mandar el suyo, y en un centro de monitoreo la información tiene que salir tan rápido como entra.
La empresa ha hecho proyectos parecidos antes, como otra sala de telepresencia en el Instituto Politécnico Loyola, en San Cristóbal, que llega a más de 13 mil estudiantes, y una sala de realidad virtual en el Centro Futuro de Cristo Rey.
Lo que queda instalado
Lo que se inauguró el jueves se queda en Itesmarena para uso permanente. Los 67 muchachos que hoy viven en esa escuela van a salir a cuidar lomas, ríos y costas, muchas veces solos y a horas del pueblo más cercano. Ahora, por lo menos, es el especialista el que sube la loma, y no al revés.
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