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Mira lo que están diciendo de fulano

Edición Especial

El desemille

La verdad es que estamos viviendo en un mundo jevi, donde cualquiera puede informar, opinar y construir una audiencia sin depender de los medios tradicionales. Una cámara, una laptop, un celular, internet y ya, el mundo sabe de nosotros y de lo que opinamos.

Este es un momento raro. Un momento bueno, pero raro. Por suerte, los medios tradicionales ya no tienen el control total de la información, pero los nuevos medios parece que todavía no saben bien qué quieren ser. Nos vendieron la idea de que con internet y las redes sociales íbamos a democratizar la información, pero ¿qué hemos hecho con eso?

Los medios digitales, influencers y creadores de contenido hemos creado algo parecido a una ciudad, una que va creciendo todos los días. Todos los días hay un vecino nuevo, un pódcast nuevo, una cuenta nueva de Instagram o de Twitter (dígale usted X). Pero esta ciudad aparentemente no tiene reglas, no se maneja por la derecha ni por la izquierda y da igual chocar a que te choquen.

Algunos hacen la división del mundo digital y el mundo real como si no fuera el mismo. Nadie está pensando que con esa misma libertad viene una responsabilidad. 

La ciudad de la furia

Lo bueno de esta ciudad es que tampoco tiene puertas y no hay que pagar peaje. Qué bueno que todo el mundo puede aportar algo en sus redes. Pero, ¿para dónde vamos si en esa ciudad todo el mundo está voceando, cruzando en rojo, robándose los parqueos, tirando basura en la calle, tirando botellas al aire sin importar a quién le caiga y acusando al vecino de cualquier vaina sin pruebas? 

Pasa lo que ya estamos viendo: un desastre. Una selva donde el que más bulla haga es el que más se escucha, aunque lo que esté diciendo sea mentira. Parece que en esta nueva ciudad mediática lo estamos haciendo peor que antes y se está haciendo imposible vivir en paz.

Llevamos años criticando a los medios tradicionales dizque porque tienen un bando claro. Decimos que manipulan información y que son bocinas bien pagadas de intereses políticos y económicos. Pero parece que nos estamos haciendo los locos ahora: ¿qué están haciendo muchos influencers, medios digitales y creadores de contenido? Lo mismo que criticábamos antes, pero ahora con luces chulas, en HD, 4K y con buenos micrófonos. 

Haciendo acusaciones sin pruebas, regalando entrevistas cómodas a políticos y empresarios que les caen bien, haciendo propaganda disfrazada de experiencias, de contenido orgánico y a veces peor: de periodismo alternativo. 

Los patrocinadores del desastre

Lo peor es que el partido de gobierno usa cualquier basura y la mantiene viva, porque el dinero sobra en la misma proporción en la que falta la conciencia y la decencia. No hace falta que sea joven o que sea viejo. Los partidos de oposición también tienen una buena tajada, aunque con algo menos de presupuesto, porque verdad… 

El caso es que cada bando ha encontrado su grupo de influencers, su escuadrón de guerrilleros digitales, y ya no se trata solo de defenderse y lavarle el saco como bocinas tradicionales. Ahora también les han dado la tarea de sembrar dudas, de ensuciar reputaciones, de atacar primero y preguntar después. Parece que nadie se ha dado cuenta de que esto no es sostenible para el sistema, un sistema del que todos somos parte.

Porque en esta ciudad mediática que estamos construyendo, eventualmente cualquiera puede ser la próxima víctima. Hoy me toca a mí, mañana te toca a ti. Hoy te conviene la desinformación porque afecta a tu competencia, pero mañana te puede desgraciar a ti, a tu negocio y a tus hijos, que los ven sus compañeros con el teléfono en la mano. Y cuando todo el mundo está sucio, ya nadie queda limpio.

A ver quién lo tiene más grande

Ahora mismo hay una obsesión con «ganarle» al otro, con exponerlo, con dejarlo en ridículo. No solo una guerra personal o política, también es una guerra de medios, ¿pero dónde está la información real? ¿Dónde están los datos, la investigación, el compromiso con algo más grande que solo destruir al contrario?

Es fácil decir «los medios tradicionales están podridos y jodidos», pero no hay que ser un gran analista para ver que muchos están haciendo lo mismo, solo que sin un color específico. Se quejan del sesgo, pero tienen el suyo. Critican la manipulación, pero manipulan. Se burlan de los periodistas de larga data, pero no tienen ni el más mínimo estándar de verificación. Y a eso se suman los azarosos que no tienen bando, que simplemente lo hacen porque son azarosos antes de levantarse.

Esto es una estrategia a corto plazo, con un camino claro para desgranarnos todos. Porque una audiencia que hoy te sigue porque acabaste con uno, mañana te va a dejar cuando aparezca alguien más que te destruya a ti. O te quedas tú con los 100 borregos que te creen y los demás con los 100 que les creen a ellos. Algunos ni siquiera necesitan que les crean, sino que la información ruede.

Con prisa y sin pausa

Toda ciudad necesita estructura, necesita reglas básicas de convivencia, y en esta ciudad cada uno está poniendo las reglas que le da la gana con la excusa de que sus redes son suyas. La credibilidad toma tiempo, pero la viralidad es rápida y eso es lo que les importa. Y en este momento, todo el mundo parece que quiere andar con el acelerador a fondo sin pararse en ningún semáforo, a menos que te pidan el número de cuenta o te pasen un sobre. 

Sí ombe, ¿para qué investigar si es más fácil tirar una acusación y dejar que las redes hagan el resto? No nos damos cuenta de que esta jodienda no construye nada, que solo destruye. No genera información útil. No educa. No hace que la gente tenga más criterio. Lo único que hace es entrenarnos a todos para vivir en un ambiente donde nadie confía en nadie. 

Orgulloso de mi ciudad

Eso quisiera uno, pero en una ciudad donde todo el mundo desconfía de todo, es imposible vivir. Esto no es solo un tema de influencers, ni de medios, ni de política. Es un tema de sociedad. ¿Queremos construir una ciudad donde la gente pueda informarse, pensar por sí misma y tomar decisiones con criterio? ¿O queremos construir una ciudad donde el ruido y el chisme sean más importantes que la verdad?

La ciudad que construyamos hoy no es solo la de nosotros: es la ciudad donde van a crecer nuestros hijos. 

A ti también te toca tu chin

Si esta ciudad mediática se está cayendo a pedazos, no es solo culpa de quienes la construyen, sino también de quienes la habitan. Cada vez que mandamos a un grupo de WhatsApp cualquier pendejada que nos llega, cada vez que le damos retuit a un chisme solo porque nos conviene o porque ataca a alguien que nos cae mal, cada vez que difundimos una acusación sin pruebas, estamos tirando la basura en la calle. No se necesita ser periodista para aportar; solo se necesita un poco de criterio. La desinformación es un negocio, pero el combustible somos todos nosotros. Y si queremos que esta ciudad no se convierta en un vertedero, hay que empezar por poner la basura donde va.

Uriel Suriel

Editor Jefe

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